
En los últimos meses, los titulares se han llenado de ejemplos de marcas que experimentan con campañas creadas mediante inteligencia artificial. Desde grandes multinacionales hasta startups emergentes, la tendencia es clara: probar la publicidad con IA parece “moderno” y eficiente.
Pero detrás de esta fiebre tecnológica aparecen cada vez más casos de fallos llamativos, piezas incoherentes e incluso crisis reputacionales. Los llamados errores en la publicidad con IA no solo generan memes en redes sociales: también pueden costar caro a la imagen de una marca y erosionar la confianza de su público.
En este artículo analizaremos los errores más comunes de la publicidad con IA, mostraremos ejemplos recientes y explicaremos por qué la producción artesanal en CGI, FOOH y VFX sigue siendo la alternativa más sólida para marcas que no quieren arriesgar su reputación.
Las herramientas de generación automática prometen rapidez, bajo coste y miles de variaciones en segundos. Plataformas como Runway, MidJourney o Stable Diffusion han hecho posible que cualquier equipo de marketing cree visuales impactantes sin necesidad de un gran equipo creativo.
Sin embargo, la realidad demuestra que el ahorro inicial puede convertirse en un problema a largo plazo. La publicidad con IA carece de sensibilidad cultural, de criterio artístico y de capacidad estratégica. Y eso abre la puerta a errores tan visibles como dañinos.
Los fallos no son anecdóticos: se repiten una y otra vez porque responden a limitaciones intrínsecas de la tecnología. Estos son algunos de los errores en la publicidad con IA más comunes:
Manos con seis dedos, objetos imposibles, reflejos mal calculados o cuerpos desproporcionados. La IA genera resultados basados en patrones estadísticos, no en la lógica del mundo real.
Un error gráfico que un artista humano jamás permitiría puede convertirse en la comidilla de las redes sociales. Y lo que debía ser un anuncio aspiracional se transforma en motivo de burla.
Las imágenes producidas por IA suelen compartir estilos muy reconocibles: fondos difusos, iluminaciones irreales, sonrisas forzadas. Esto provoca que diferentes marcas acaben pareciéndose entre sí.
La consecuencia es grave: tu marca deja de ser única y empieza a diluirse en un mar de anuncios que parecen cortados por la misma tijera.
La IA no entiende de contexto ni de narrativa. Puede generar un visual llamativo, pero que no encaje con los valores de tu marca o con la cultura de tu audiencia.
El resultado: un anuncio que quizá llame la atención, pero que transmite un mensaje equivocado o incluso ofensivo.
Gran parte de los sistemas de IA se entrenan con imágenes de terceros sin permisos. Usar una de estas piezas en una campaña real puede derivar en conflictos legales por derechos de autor.
La publicidad con IA no ofrece garantías de propiedad intelectual claras, y ese es un riesgo que pocas marcas pueden permitirse.
Un error visual puede corregirse. Una crisis de reputación es más difícil de arreglar. Cuando una campaña basada en IA se vuelve viral por los motivos equivocados, el daño a la confianza del público es real y duradero.
Los casos reales ayudan a ilustrar lo que está en juego.
Estos errores en la publicidad con IA no solo provocan risas: también erosionan la percepción de profesionalidad de las marcas implicadas.
Frente a los riesgos de la publicidad con IA, el trabajo artesanal en CGI, FOOH y VFX ofrece ventajas cruciales:
Un equipo creativo humano garantiza que cada detalle esté cuidado y que la pieza final represente fielmente la identidad de la marca. No hay lugar para “errores estadísticos” o deformaciones absurdas.
Cada campaña artesanal se diseña desde cero, adaptándose a los valores, la historia y el público de la marca. Eso asegura un resultado único, imposible de replicar con un generador automático.
El diseño no es solo estética: es storytelling, es emoción. Un creativo entiende el contexto cultural, los códigos del público y la estrategia de comunicación detrás de cada visual.
La IA, en cambio, solo “adivina” lo que debe generar en función de datos previos.
Una producción artesanal asegura que la propiedad intelectual pertenece a la marca, sin riesgo de demandas por usar material generado a partir de fuentes no autorizadas.
Aunque parezca más barata, la publicidad con IA tiene costes ocultos que muchas veces superan el ahorro inicial:
Al final, lo barato sale caro. Y en publicidad, donde la primera impresión es crítica, arriesgarse a dar una imagen poco profesional puede ser devastador.
Vivimos en un entorno donde cada vez más marcas prueban la IA. Eso significa que la saturación de imágenes “genéricas” crecerá aún más.
En este escenario, la auténtica diferenciación vendrá de lo humano. Una campaña artesanal no se limita a producir un visual atractivo: crea un concepto, genera conversación y deja huella.
Si todo el mundo usa los mismos algoritmos, lo único que destacará será lo hecho a mano.
Los errores en la publicidad con IA no son casos aislados: son síntomas de las limitaciones de una tecnología que, aunque útil para ciertos procesos, no puede sustituir el trabajo humano en la creación de campañas memorables.
Las marcas que quieran proteger su reputación y destacar en un mercado saturado deben apostar por lo artesanal. Porque una campaña con alma, creada por personas que entienden de estrategia, emoción y narrativa, siempre será más valiosa que una pieza genérica generada por un algoritmo.
La creatividad humana no solo evita errores: construye identidad. Y en un mundo donde lo automático abunda, lo auténtico es lo que marca la diferencia.
¿Quieres que tu marca evite los riesgos de la publicidad con IA y destaque con campañas únicas, seguras y memorables? Escríbenos y diseñaremos juntos la próxima gran historia visual de tu empresa.