
En los últimos dos años, el término publicidad con IA ha inundado los titulares. Desde Coca-Cola hasta pequeñas startups, muchas marcas han probado a generar campañas usando herramientas de inteligencia artificial. La promesa es tentadora: anuncios más baratos, más rápidos y aparentemente más creativos. Sin embargo, detrás de este brillo inicial se esconde una pregunta clave: ¿es esa la mejor estrategia para construir una marca única, memorable y con verdadera conexión con su audiencia?
La respuesta, cada vez más clara, es no.
Porque cuando todo el mundo utiliza los mismos algoritmos, los mismos estilos visuales y las mismas soluciones enlatadas, la publicidad corre el riesgo de volverse uniforme, impersonal y carente de esa chispa que diferencia a una marca de otra.
En este artículo vamos a analizar las limitaciones de la publicidad con IA, los riesgos que implica para las marcas que buscan destacar y, sobre todo, por qué el trabajo artesanal humano en CGI, FOOH y VFX sigue siendo la mejor apuesta para lograr campañas que realmente conecten con las personas.
La publicidad con IA se presenta como una revolución:
Plataformas como Stable Diffusion, Runway o MidJourney han captado la atención de agencias y departamentos de marketing. Incluso grandes compañías como Channel 4 en Reino Unido han anunciado que ofrecerán a los anunciantes la posibilidad de crear campañas automatizadas con IA generativa
El atractivo es evidente: rapidez y eficiencia. Pero la verdadera pregunta es qué precio está pagando una marca cuando su campaña pierde identidad, coherencia y autenticidad.
Uno de los principales inconvenientes de la publicidad con IA es la homogeneidad.
Los algoritmos trabajan con enormes bases de datos visuales existentes, lo que significa que las imágenes generadas tienden a repetir patrones, estilos y composiciones ya vistos.
Lo que parecía “nuevo” hace un año, hoy se reconoce al instante como “hecho con IA”. Y si tu público percibe que tu campaña se parece sospechosamente a la de tu competencia, el impacto de diferenciación desaparece.
En un mercado saturado de estímulos, la originalidad no es opcional, es esencial. Y la originalidad solo puede venir de la mente humana que interpreta la historia, los valores y la personalidad de una marca para traducirlos en una pieza única.
Otro factor a tener en cuenta son los errores visuales y conceptuales. La IA puede generar resultados rápidos, pero carece de la comprensión contextual que tiene un diseñador, un animador o un director creativo.
Los ejemplos abundan: manos con seis dedos, deformaciones en rostros, objetos imposibles en el mundo real. Cuando una marca como Coca-Cola lanza una campaña navideña creada con IA y los usuarios en redes sociales se dedican a señalar los fallos, el efecto viral puede volverse en contra.
La publicidad no solo debe ser impactante, también debe ser coherente y creíble. Un error visual puede ser la diferencia entre reforzar la confianza en tu marca o perderla en cuestión de segundos.
Frente a la frialdad de la publicidad con IA, la producción artesanal en CGI, FOOH (Fake Out Of Home) y VFX ofrece una ventaja irremplazable: la personalización absoluta.
Cada campaña se construye desde cero, pensando en:
Este proceso no solo asegura un resultado único, sino que también permite un nivel de control artístico y narrativo imposible de lograr con un algoritmo.
Un ejemplo claro son las campañas FOOH virales de marcas como Nike o Disney, que logran sorprender porque detrás hay un equipo humano diseñando cómo y dónde generar el mayor impacto emocional. Ninguna IA puede, por sí sola, diseñar una estrategia tan afinada.
La publicidad es, en esencia, emoción. No se trata solo de mostrar un producto, sino de generar una reacción, un recuerdo, una conversación.
La IA puede generar imágenes atractivas, pero no comprende la psicología humana, la cultura o las sutilezas emocionales que hacen que una campaña cale en el corazón de las personas. Esa conexión nace del trabajo creativo de profesionales que conocen el poder del color, del ritmo, del encuadre y de la narrativa.
Una campaña hecha a mano por un equipo creativo no solo busca impacto visual, sino también resonancia emocional. Y esa resonancia es lo que convierte una campaña en memorable.
Otro argumento habitual a favor de la publicidad con IA es el coste. A primera vista, parece más barata. Pero ¿lo es realmente?
A largo plazo, lo barato sale caro. Una producción artesanal bien pensada puede tener un coste inicial superior, pero garantiza calidad, coherencia y retorno.
En un mundo donde cada vez más marcas apuestan por la publicidad con IA, la verdadera diferenciación está en volver a lo humano.
El cliente no recuerda un anuncio porque esté perfectamente renderizado en segundos. Lo recuerda porque le emociona, porque le sorprende, porque siente que detrás hay una historia auténtica.
El futuro de la publicidad no está en producir más rápido, sino en producir mejor. En un entorno saturado de imágenes generadas por IA, lo artesanal será lo que destaque.
La publicidad con IA puede ser una herramienta útil para ciertos usos rápidos o de bajo riesgo, pero nunca sustituirá el valor de una campaña diseñada por un equipo humano con experiencia en CGI, FOOH y VFX.
Las marcas que quieran diferenciarse de verdad deben apostar por la creatividad artesanal, porque solo ella asegura:
En publicidad, la velocidad nunca sustituirá a la autenticidad. Y al final, las marcas que apuestan por lo artesanal son las que dejan huella.
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